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Video: Así fue como el jubilado de Florencio Varela mató a los delincuentes que intentaron robarle

Ocurrió esta tarde cuando Daniel Dama, de 72 años llegaba a su domicilio cercano al barrio Don Orione. Los familiares de los delincuentes fallecidos llegaron hasta el lugar y habrían identificado al tercer participante del robo que está prófugo. El fiscal Darío Provisionato investiga el caso

Un jubilado de 72 años mató a dos delincuentes que quisieron llevar a cabo una entradera en su domicilio. La víctima del intento de robo, Daniel Alberto Dama, fue el primero en disparar con su pistola Bersa Thunder 9 milímetros luego de ver cómo uno de los ladrones le apuntó con un arma cuando salía de su casa ubicada en el límite entre Varela y San Francisco Solano, cerca del barrio Don Orione, en la esquina de El Gringo y Donato Álvarez.

Fuentes cercanas al expediente del caso confirmaron que cuando el hombre, un mecánico jubilado, se dio cuenta de que estaban a punto de asaltarlo, disparó contra uno de los tres ladrones que esperaban su salida a bordo de su camioneta Ford Ranger blanca. Luego gatilló en la dirección del conductor del vehículo. Ambos murieron en el lugar.

Dama está habilitado para la tenencia del arma y tras ponerse a disposición de la Justicia presentó la documentación en regla.

El caso está a cargo de la UFI N°1 de Florencio Varela bajo la investigación del fiscal Darío Provisionato, que trabaja en la escena del crimen junto a Policía Científica, que comenzó el levantamiento de rastros.

El tiroteo generó una conmoción en la zona que atrajo a una multitud. Allí, los familiares de los delincuentes abatidos arribaron a la escena y habrían dado indicios sobre el tercer participante, quien aún se encuentra prófugo. “Un pesado conocido de la zona”, asegura una fuente del caso. Los nombres de los ladrones muertos todavía se desconocen, así como el del tercer delincuente.

Ante el personal de la Comisaría 2° de Florencio Varela que llegó a la escena, Dama relató que se disponía a ingresar a su domicilio y fue interceptado por al menos tres hombres, todos armados. Uno de ellos le apuntó al cuello y lo sacaron de su vehículo arrojándolo al piso. Fue allí cuando tomó su Bersa Thunder y efectuó varios disparos.

El 17 de julio de este año, Jorge Ríos, un herrero de 71 años, mató a un delincuente que había ingresado a su casa, junto a otros dos cómplices que lograron escapar del lugar, luego de sorprenderlo mientras dormía y golpearlo mientras le exigían dinero.

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Conmoción mundial: Murió Diego Armando Maradona

Sufrió un paro cardiorrespiratorio en la casa de Tigre en la que se había instalado tras su operación en la cabeza

Villa Fiorito fue el punto de partida. Y desde allí, desde ese rincón postergado de la zona sur del Conurbano bonaerense se explican muchos de los condimentos que tuvo el combo con el que convivió Maradona. Una vida televisada desde aquel primer mensaje a cámara en un potrero en el que un nene decía soñar con jugar en la Selección. Un salto al vacío sin paracaídas. Una montaña rusa constante con subidas empinadas y caídas abruptas.

Nadie le dio a Diego las reglas del juego. Nadie le dio a su entorno (un concepto tan naturalizado como abstracto y cambiante a la lo largo de su vida) el manual de instrucciones. Nadie tuvo el joystick para poder manejar los destinos de un hombre que con los mismos pies que pisaba el barro alcanzó a tocar el cielo.

Quizá su mayor coherencia haya sido la de ser auténtico en sus contradicciones. La de no dejar de ser Maradona ni cuando ni siquiera él podía aguantarse. La de abrir su vida de par en par y en esa caja de sorpresas ir desnudando gran parte de la idiosincrasia argentina. Maradona es los dos espejos: aquel en el que resulta placentero mirarnos y el otro, el que nos avergüenza.

A diferencia del común de los mortales, Diego nunca pudo ocultar ninguno de los espejos.

Es el Cebollita que solo tenía un pantalón de corderoy y es el hombre de las camisas brillantes y la colección de relojes lujosos. Es el que le hace cuatro goles a un arquero que intenta desafiarlo y al mismo tiempo el entrenador que intenta chicanear a los alemanes y termina humillado. Es el que se va bañado de gloria del estadio Azteca y el que sale de la mano de una enfermera en Estados Unidos. Es el que arenga, el que agita, el que levanta, el que motiva. El que tomaba un avión desde cualquier punto del mundo para venir a jugar con la camiseta de la Selección. El del mechón rubio y el que estaciona el camión Scania en un country. Es el gordo que pasa el tiempo jugando al golf en Cuba y el flaco de La Noche del Diez. El que vuelve de la muerte en Punta del Este. Es el novio de Claudia y es también el hombre acusado de violencia de género. Es el adicto en constante lucha. El que canta un tango y baila cumbia. El que se planta ante la FIFA o le dice al Papa que venda el oro del Vaticano. El que fue reconociendo hijos como quien trata de emparchar agujeros de su vida. Un icono del neoliberalismo noventoso y el que se subió a un tren para ponerse cara a cara contra Bush y ser bandera del progresismo latinoamericano. Es cada tatuaje que tiene en su piel, el Che, Dalma, Gianinna, Fidel, Benja… Es el hombre que abraza a la Copa del Mundo, el que putea cuando los italianos insultan nuestro himno y el que le saca una sonrisa a los héroes de Malvinas con un partido digno de una ficción, una pieza de literatura, una obra de arte.

Porque si hubiera que elegir un solo partido sería ese. Porque no existió ni existirá un tramo de la vida más maradoneano que esos cuatro minutos que transcurrieron entre los dos goles que hizo el 22 de junio de 1986 contra los ingleses. El mejor resumen de su vida, de su estilo, de lo que fue capaz de crear. Pintó su obra cumbre en el mejor marco posible. Le dijo al mundo quién es Diego Armando Maradona. El tramposo y el mágico, el que es capaz de engañar a todos y sacar una mano pícara y el que enseguida se supera con la partitura de todos los tiempos.

Barrilete cósmico. Y la pelota no se mancha. Y las piernas cortadas. Y que la sigan chupando. Y la tortuga que se escapa. Y el jarrón en el departamento de Caballito, el rifle de aire comprimido contra la prensa, la Ferrari negra que descartó porque no tenía stéreo, la mafia napolitana y toda una ciudad que elige vivir en pausa, rendida a su Dios. Es el de las canciones, el los documentales a carne viva y las biografías siempre desactualizadas. El que levanta el teléfono y llama cuando menos lo esperás y más lo necesitás. El que jugó partidos a beneficio sin que nadie se enterara. El que pasa del amor al odio con Cyterszpiler, con Coppola o con Morla. El que siempre vuelve a sus orígenes y le presta más atención a los que menos tienen.

Es el abuelo baboso y el papá inabordable.

Es antes que todo y por sobre todas las cosas el hijo de Doña Tota y de Don Diego.

Y Maradona es en presente pese a que de los que mueren haya que escribir en pasado. Es el que en Dubai se codeaba con jeques y contratos millonarios y el que en Culiacán y con 40 grados a la sombra pedía un guiso a domicilio. El que internaron en un neuropsiquiátrico. El que pudo dejar la cocaína. El que hizo jueguitos en Harvard. Es el que como entrenador de Gimnasia vivió un postergado homenaje del fútbol argentino. Aquel que había dirigido a Racing y a Mandiyú no era este último Diego de las rodillas chuecas, las palabras estiradas y las emociones brotando sin filtro.

Es también Maradona el hombre que se fue apagando. Se resquebrajó su cuerpo y empezó a sacar a la luz tantos años de castigo físico, de desbordes, de excesos, de patadas, de infiltraciones, de viajes, de adicciones, de subibajas con su peso, de andar por los extremos sin red de contención.

Y el alma se fue apagando al compás del cuerpo. En el último tiempo ya no quería ser Maradona y ya no podía ser un hombre normal. Ya nada lo motivaba. Ya no servía el paliativo de los antidepresivos ni las pastillas para dormir. Y la combinación con alcohol aceleraba la cinta. Cada vez menos cosas encendían su motor: ni el dinero, ni la fama, ni el trabajo, ni los amigos, ni la familia, ni las mujeres, ni el fútbol. Perdió su propio joystick. Y perdió el juego.

Lo llora Fiorito, escenografía inicial de esta historia de película y pieza fundacional para comprender al personaje. Lo lloran los Cebollitas donde se animó a soñar en grande. Lo llora Argentinos Juniors donde no solo es nombre del estadio sino el mejor ejemplar de un molde que genera orgullo. Lo llora Boca y toda la pasión que unió a un vínculo que fue mutando pero conservó el amor genuino. Lo llora Nápoles, su altar maravilloso en el que con una pelota cambió la vida de una ciudad para siempre. Lo lloran también Sevilla, Barcelona y Newell’s, que infla el pecho por haberlo cobijado. Lo llora la Selección porque nadie defendió los colores celeste y blanco como él.

Lo llora el país entero y el mundo.

Entre tantas cosas que hizo en su vida, Maradona hizo una particularmente exótica: se entrevistó a sí mismo. El Diego de saco le preguntó al de remera de qué se arrepentía. “De no haber disfrutado del crecimiento de las nenas, de haber faltado a fiestas de las nenas… Me arrepiento de haber hecho sufrir a mi vieja, mi viejo, mis hermanos, a los que me quieren. No haber podido dar el 100 por ciento en el fútbol porque yo con la cocaína daba ventajas. Yo no saqué ventaja, yo di ventaja”, se contestó en una sesión de terapia con 40 puntos de rating.

En ese mismo montaje realizado en 2005 en su programa “La noche del Diez”, el Diego de traje le propuso al de remera que deje unas palabras para cuando a Diego le llegue el día de su muerte. “Uhh, ¿qué le diría?”, piensa. Y define: “Gracias por haber jugado al fútbol, gracias por haber jugado al fútbol, porque es el deporte que me dio más alegría, más libertad, es como tocar el cielo con las manos. Gracias a la pelota. Sí, pondría una lápida que diga: gracias a la pelota”.

FUENTE CLARIN

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Anuncian la apertura de Bingos y Casinos en la Provincia: ¿Cuándo comienzan a funcionar?

Las autoridades de la provincia de Buenos Aires informaron en las últimas horas que podrán volver a funcionar las salas de los 11 casinos y los 44 bingos que funcionan en el territorio bonaerense.

La apertura contempla solo al sector de las máquinas tragamonedas y se desarrollará con estrictos protocolos sanitarios que, entre otras regulaciones, permiten el ingreso solo a aquellas personas que no posean factores de riesgo en el marco de la pandemia de COVID-19.

En este sentido, detallaron que la apertura comenzará a regir a partir del lunes 14 de diciembre.

El anuncio fue realizado esta tarde por el jefe de Gabinete de la Provincia, Carlos Bianco, ante empresarios y sindicalistas del sector. También participaron del encuentro, realizado en la sede del Instituto provincial de Lotería y Casinos, en La Plata, su presidente, Omar Galdurralde, y la vicepresidenta, María Laura García.

Los casinos y bingos instalados en la provincia de Buenos Aires estaban cerrados desde el 20 de marzo pasado, a raíz de las medidas tomadas por el gobierno nacional y el de la Provincia en relación a la pandemia de coronavirus.

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